He madrugado para irme muy temprano hasta
Barajas aunque mi vuelo para Asturias no sale hasta casi mediodía. Mi intención
es avanzar en algunos temas y llamadas que he dejado de lado por la intensidad
de todo lo que rodeó el Debate de Investidura durante esta semana. Así que he
preferido dejar el hotel y estar tranquilo en el aeropuerto a la espera del
embarque leyendo la prensa asturiana que, como la nacional, dedica mucho
espacio a la sesión del Congreso e, incluso, sorpresa, el periódico La Nueva España encuadra una minúscula reseña de mi intervención, mezclada con una pequeñísima referencia de la que
hice el pasado miércoles y de la que no había publicado nada, supongo que por
falta de espacio. Mis laboriosos compañeros de Comunicación de
FORO deben estar llorando de la emoción.
Ayer, tras bajar de la tribuna del
Congreso y reubicarme en el escaño, el
guasap de mi móvil empezó a
echar humo. Una pasada. Ya había sucedido algo similar el miércoles, pero es
posible que mi participación de ayer, previa a los momentos de la votación,
fuese en un momento de mayor 'prime time' televisivo o que el hecho de ser
viernes tarde-noche ayudase a tener mas audiencia. De hecho, a diferencia de
las primeras dos jornadas de tan importante debate, ayer había una gran y
vociferante multitud en la
Carrera de San Jerónimo aguardando la llegada de los
diputados. La policía había acordonado la acera y aunque muchos parlamentarios
entran en el Congreso con sus vehículos por el garaje, unos pocos, como fue mi
caso, nos aproximamos caminando hacia la entrada principal en un largo y
peculiar paseillo donde te sientes observado por miles
de ojos, enfocado por las cámaras de centenares de móviles y animado o
abroncado según sea la traza del diputado. Entre el griterío me pareció
escuchar un ¡Puxa Asturies! que agradecí, aunque algunos metros
detrás venían en grupo los inconfundibles diputados de Ezquerra Republicana y a
su paso se montaba una marimorena bastante altisonante.
